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  • Arq. Ricardo Dan Díaz

La herejía técnica.


Estamos tan acostumbrados a glorificar el conocimiento empírico, que actualmente encontrar datos verdaderamente técnicos en los duraznos enlatados que nos vamos en comer, tanto como en los sistemas constructivos que queremos aplicar en nuestros edificios, es verdaderamente difícil; puesto que están revueltos y ocultos en una maraña de prestidigitaciones de ventas promisorias y desafiantes a la inteligencia del consumidor. Tanto el de los duraznos en almíbar, como el de cualquier sistema de fachada.

Los departamentos de marketing han encontrado la forma de llegar a cerrar mayor cantidad de ventas toda vez que “prometen” y menos en medida que “documentan”. Y la culpa seguramente es del consumidor tanto como del fabricante. Porque buscamos las sonrisas en las fotos publicitarias de los que cocinan postres con los duraznos tanto como los edificios en Estocolmo con las flamantes fachadas más prístinas que el mismo Render.

En ambos casos (el alimenticio y el constructivo) vemos mucho contenido de lo fácil que es usar el producto, de lo lindo que se verá el resultado final, pero poco se dice de sus componentes químicos, de sus viscosidades, resistencias al cortante, a la compresión, de su envejecimiento, su resistencia al fuego, su toxicidad.

Los fabricantes hacen productos y deben asegurar su venta, pero guarecidos en la herejía técnica del mercado socavan, sin saberlo, su propio terreno comercial al elegir estrategias complacientes al consumidor superficial, estrategias buenas para resultados en el corto plazo. Pero el mercado que promueven al favorecer a este tipo de consumidores, se vuelve una espiral negativa, en la que el mejor producto es el que menos dinero cuesta, no el que más valor aporta.

El desconocimiento no nos exime de las consecuencias de nuestras desiciones. En medida que busquemos química y no publicidad, tendremos mejores duraznos, y mejores fachadas.

Arq. Ricardo Dan Díaz


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