¿Cómo poner a prueba una fachada?

¿Cómo poner a prueba una fachada? ⁽½⁾
Parte 1 de 2

Probar una fachada empieza mucho antes de que aparezca el agua.
Primero hay que entender qué se quiere evaluar, reconocer el sistema, identificar los puntos que vale la pena poner a prueba y asegurarse de que existen las condiciones para hacerlo correctamente. Pero llega un momento en que toda esa preparación tiene que convertirse en algo físico: llevar la fachada a condiciones controladas y ver cómo se comporta. Ahí es donde empieza la prueba.
Aquí es donde están las cámaras, espreas, mangueras, conexiones, equipos de medición y todo aquello que hace que una prueba deje de ser una idea y se convierta en algo que podemos observar.
Dependiendo de lo que queramos evaluar, cambian los estándares, montajes, equipos, tiempos y las condiciones específicas. No es lo mismo evaluar la infiltración de agua que la permeabilidad al aire, ni es lo mismo probar una ventana que una junta entre sistemas. Pero hay algo que es clave de todas estas pruebas: necesitamos generar condiciones controladas que nos permitan observar cómo se comporta la fachada.
Entonces aparece una de las cosas más importante de la obra: el avance en sitio. Porque la realidad tiene la mala costumbre de no respetar aquello que se revisa en las visitas de scouting.
Las condiciones de una obra pueden cambiar significativamente de una semana a otra. Un área que previamente se encontraba libre puede estar ocupada, pueden surgir instalaciones temporales, plataformas, andamios u otros elementos que modifiquen las condiciones previstas para la ejecución de las pruebas. Ante estas situaciones, es necesario adaptarse a las condiciones existentes en campo, evaluar sus implicaciones y desarrollar soluciones que permitan llevar a cabo los ensayos de manera adecuada, sin comprometer su ejecución de froma correcta ni la confiabilidad de los resultados.
Aquí es donde conocer el estándar no es lo único que se necesita. No basta con saber cómo se hace una prueba en teoría; hay que saber cómo ejecutar ese estándar dentro de un edificio real. Esto lleva, revisar constantemente las conexiones de agua y electricidad, los accesos, las alturas, áreas de trabajo y condiciones particulares del punto que vamos a probar.
A veces todo lo previsto funciona adecuadamente, pero, a veces no.

Ya estando ahí, tal vez habrá que modificar el montaje en ese mismo momento, conseguir equipo adicional o replantear la manera de llegar al punto de prueba y todo esto ocurre mientras la obra continúa alrededor porque la fachada no vive en un laboratorio. Hay personas trabajando, materiales entrando y saliendo, acabados que deben protegerse y otros contratistas que tienen sus propios tiempos. El edificio no se detiene porque nosotros hayamos llegado con una cámara de prueba. Por eso, una prueba bien ejecutada también requiere algo que no necesariamente es parte de la norma o instrucciones de la prueba: coordinación. Coordinarse con quien está trabajando en el área, con quien tiene acceso, quien controla el suministro de agua, quien puede mover una plataforma y con todas esas piezas que hacen posible que el montaje ocurra.
Porque también es importante siempre tener en mente que probar no es dañar. Parece obvio, pero es fundamental.
La prueba debe ser suficientemente rigurosa para evaluar el desempeño de la fachada, pero suficientemente cuidadosa para que ella misma no sea una causa de daños. No queremos solucionar un problema de hermeticidad provocando otros problemas, mucho menos que se generen problemas que no existían antes.
Por eso, además de saber qué presión aplicar, cuánto tiempo mantenerla o cómo distribuir el agua, hay que saber dónde colocar el equipo, cómo acceder, qué cuidar y cómo dejar el sitio después de la prueba. Aquí comienza una parte del trabajo que desde afuera es difícil de ver, que llamaremos la orquestación.
¿Qué significa esto? Qué mientras se está realizando una prueba, ya se está pensando en la siguiente. ¿Qué módulo sigue? ¿Dónde colocamos la cámara? ¿Hay que mover el equipo? ¿Tenemos acceso? ¿Sigue disponible el punto de agua? ¿Necesitamos otra plataforma? ¿Hay algo específico que tengamos que proteger?
Te platicamos más sobre esto en la siguiente entrada de nuestro blog.
Autoras: Arq. Susana Soria y Lic. en Literatura Carmen Castillo




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