La orquestación en obra

¿Cómo poner a prueba una fachada? ⁽²⁄₂⁾
Parte 2 de 2
La orquestación en obra

¿Qué módulo sigue? ¿Dónde colocamos la cámara? ¿Hay que mover el equipo? ¿Tenemos acceso? ¿Sigue disponible el punto de agua? ¿Necesitamos otra plataforma? ¿Hay algo específico que tengamos que proteger?
Parecen preguntas casuales, pero cuando tienes que evaluar muchos puntos de un edificio, todas empiezan a suceder al mismo tiempo.
Mientras una prueba está en curso, ya estás pensando en la siguiente. ¿Qué necesito preparar? ¿Quién tiene que estar listo? ¿Qué puede cambiar? ¿Qué viene después? Y cuando crees que ya tienes todo bajo control, aparece algo más que tienes que resolver. Es una especie de orquestación mental. No basta con concentrarte en lo que está sucediendo en ese momento; tienes que mantener en mente cada parte de la jornada, anticipar los siguientes movimientos y coordinarlo todo para que las cosas sucedan en el momento adecuado.
Como una orquesta: cada instrumento tiene su propio ritmo, pero todos tienen que encontrar la manera de tocar juntos.
Do, re, mi.
Y mientras una prueba termina, tú ya estás preparando la siguiente.
No porque queramos convertir una prueba de fachada en un concierto, sino porque cuando se tienen que evaluar muchos puntos de un edificio, el orden y la coordinación hacen una diferencia enorme.
Una prueba puede durar relativamente poco. Pero entre desmontar, mover equipos, cambiar una plataforma, conectar el agua, revisar el siguiente paso y volver a preparar las condiciones necesarias, el trabajo alrededor de esos minutos puede ser considerable. Ahí está una de las diferencias entre simplemente hacer una prueba y ejecutar correctamente un plan de pruebas.
La primera puede parecer una actividad puntual, la segunda necesita entender el edificio como un conjunto de condiciones que cambian constantemente y saber responder a ellas sin perder el objetivo de la prueba. Al final, una prueba bien hecha debería verse sencilla; el agua cae, la cámara se coloca, los equipos funcionan, se observa el comportamiento del sistema, se mantiene todo en orden, se registra lo que ocurre y se pasa a lo que sigue. Que todo a simple vista parezca que fue fácil de hacer.
Eso es precisamente porque, quien hace la prueba, hizo que todas las cosas complicadas ocurrieran antes, durante y después sin que se notaran. Porque llevar una fachada a condiciones controladas no significa controlar la obra, eso sería pedir demasiado, sino que significa crear, dentro de esa realidad cambiante, las condiciones necesarias para poder observar cómo se comporta la fachada, y hacerlo sin perder de vista que después de la prueba, el edificio tiene que seguir funcionando exactamente como antes.
Solo que ahora sabemos un poco más sobre él.

¿Para qué la prueba?
Como hemos dicho, las pruebas son muchas actividades e implican muchas cosas también, por eso es tan complicado hablar de ellas. Ya dijimos que no las hacemos para encontrar fallas. Las hacemos para evitar que las fallas lleguen a convertirse en problemas. Si encontramos una discontinuidad en un sello, un punto vulnerable o una condición que permite el paso de agua o aire, la prueba nos está dando información. Lo antes que podamos tener esa información, mejor, porque todavía estamos a tiempo de corregir. Esto tiene una relación directa con algo que va mucho más allá de evitar una gotera: el desempeño del edificio.
Una fachada hermética ayuda a controlar las condiciones interiores y a evitar intercambios de aire y agua no deseados. Cuando la envolvente hace correctamente su trabajo, los sistemas del edificio no tienen que estar compensando constantemente aquello que la fachada debería estar controlando.
Dicho de una manera menos técnica: si el edificio está dejando entrar o salir cosas que no debería, alguien adentro va a tener que pagar la cuenta para arreglarlo y normalmente ese alguien es el sistema de climatización. Por eso, la hermeticidad no es solamente un asunto de mantener el agua afuera. También forma parte de una estrategia de eficiencia energética, confort y desempeño bioclimático.
Aquí es donde una prueba de campo adquiere todo su sentido. No estamos intentando demostrar que la fachada puede fallar, estamos intentando demostrar que la fachada puede cumplir, que los sistemas que fueron diseñados, especificados y fabricados para trabajar juntos realmente están funcionando juntos después de haber sido instalados en el edificio, que todos los elementos en conjunto, hacen su trabajo.
Al final, una buena prueba de hermeticidad no debería terminar con un “encontramos una falla”. Idealmente debería terminar con algo mucho menos emocionante, pero muchísimo más valioso: La fachada funciona. Para llegar a esas tres palabras es que hay el scouting, revisión de juntas, agua, electricidad, equipos, plataformas, protección de acabados y una cantidad considerable de coordinación y orquestación.
Porque aunque desde afuera pueda parecer que una prueba la hace alguien con una cámara y una manguera, en realidad detrás hay un equipo haciendo que muchas cosas sucedan al mismo tiempo. Y cuando ese trabajo está bien coordinado, casi no se nota.
Que probablemente sea la mejor señal de que funcionó.
Después de todo, la intención de probar una fachada nunca ha sido hacerla fallar. Es asegurarnos de que, cuando el clima o cualquier otro evento la ponga aprueba, la fachada esté preparada para hacer exactamente aquello para lo que fue diseñada.
Eso también es eficiencia bioclimática.
Autoras: Arq. Susana Soria y Lic. en Literatura Carmen Castillo




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