El costo de la Fachada Industrial

El costo de la Fachada Industrial
La primera fachada fue más estructural y delimitante que bioclimática o estética. La choza, la cueva, por ejemplo. Pero quisiera adelantar el tiempo hasta la arquitectura románica, la medieval, la feudal. En donde la fachada ya había desarrollado los parámetros que hoy siguen rigiendo. Protección, conexión con el exterior, estética, y por supuesto, estructura; pero uno muy importante: ornamentación. Este componente, absolutamente innecesario para fines enteramente prácticos, significó la impresión de la humanidad, sus creencias, lo que valoraban, lo que les gustaba; desde una flor, una estrella, un toro, hasta, por supuesto, temas espirituales. Las fachadas comenzaron a mostrar la cultura humana.
Cada edificio tomaba tanto tiempo, tantos recursos, que había que tener muy claro el propósito de edificar. Un cuartel militar se planeaba durante años, y se erigía en más. Ni qué decir una iglesia o el castillo de los Reyes. Pero dado que era hecho con tanto ahínco y tiempo, las fachadas resultaron impregnadas de la cultura, la cosmogonía y la artesanía local. ¡Las fachadas antiguas cuentan una historia! Tienen iconos, símbolos, heráldica, esculturas, colores que hablan de qué era lo que estaba sucediendo en el imaginario colectivo de un lugar.
Y este no es un texto de condenar el presente y el futuro; es sólo que hay qué leer lo que nuestras fachadas están diciendo de la cosmogonía vigente. Les platico algo de lo que pensé.
§ Artesanía vs. Industria

EL encargo de hacer una estructura para cargar una campana podía haber sido resuelto rápidamente con un marco rectangular con cierto arriostre y listo; pero esta comunidad (la de la foto) evidentemente valoraba que un artesano se tomara más tiempo, dinero y pericia para hacer elementos que en sentidos económicos son absolutamente prescindibles; pero que reflejan lo que la comunidad valoraba en ese momento. La campana está ahí lo mismo que el reloj en la buhardilla; para tener a la comunidad al tanto del paso del tiempo. Sabemos esto, porque no se trata de un edificio sagrado, sino de uno de gobierno (eso no se aprecia en la foto, por eso lo digo). Así que inmediatamente podremos leer que se trata de una comunidad con valoración a estar sincronizada con otros pueblos, ciudades y tal vez países.
Adelantándonos al día presente: hoy tenemos antenas como las de la imagen que sirven para el mismo propósito con un alcance mucho mayor en cantidad de gente y complejidad de comunicación repartida. También nos dicen la hora del día, sin duda; nos sincronizan, nos alertan si habrá mal clima y muchas cosas más. Se perdió el ornamento, sin duda, por mucho; pero se ganó en masificación de su producción y en la cobertura del servicio que dan.
Tal es la necesidad de calidez humana, que ha habido algunas intentonas de humanización de estas estructuras; ¡y espero verdaderamente que podamos hacer algo mejor que esto que les muestro en la imagen!
§ Humanidad vs. Sueldo

La prueba máxima de la pericia de los alarifes, los arquitectos, los albañiles, fue durante mucho tiempo, la de diseñar, comunicar el diseño, coordinar durante décadas, edificios principalmente sacros o de gobierno, que en muchos casos fue lo mismo. Igual las universidades y los edificios militares. Pero el caso es que, esa era la cima en la carrera profesional de la industria de la arquitectura y construcción. Los sueldos para todos estos involucrados difícilmente les permitiría pagar colegiaturas, medicinas, cirugías, créditos automotrices, hipotecarios y viajes a la playa. No porque no quisieran, sino porque sencillamente no había nada de esto.
Actualmente, los humanos tenemos condiciones de vida con las que no contaban ni los jerarcas de más alta posición por aquellos tiempos; pero todo eso nos cuesta y demanda una cantidad de trabajo intelectual hecha en muy poco tiempo. Hoy el atributo más grande que podemos tener ya no es sólo productividad sino multitask. También somos miles de millones de terrícolas más. Nuestros edificios muestran esto. Si antes, una pared se tallaba en piedra, se colaba en acero, y se construía en una década; hoy nuestras fachadas pueden mecanizarse, automatizarse, e izarse en un par de años y con mucho menos gente y mortandad para alojar a mucho más personas que ya tienen acceso a antibióticos.
§ Individualismo vs. Pluralidad
Han sido unas por otras. Es una fortuna haber nacido en tiempos en los que la cirugía no es realizada por barberos, y que vaya… ¡Existe la anestesia! Hoy podemos aspirar a una calidad y esperanza de vida bastante digna casi todos los humanos. La masificación y la cobertura de servicios son un bien magnífico, sin duda.
¿Pero qué se ha ido quedando en el camino? ¿A qué costo hemos llegado a este punto? Quizás a costa de la identidad y de la valoración de la diversidad humana. Un edificio hoy se ve igualito en Nueva York, que en Puebla; en Monterrey que en París. En la lectura de una fachada hacia el exterior, esto se puede entender y hasta celebrar, puesto que nos da esa lectura de lo que valoramos hoy: globalidad, rentabilidad, sueldo, estandarización, masificación, eficiencia.
§ Reflexión
¿Pero en la fachada desde el interior? Las fachadas actuales denotan que la arquitectura actual ve como beneficiario principal de su existencia al arquitecto que lo diseñó y su fama, al sueldo quincenal de los que tuvieron oportunidad de trabajar en ello, al retorno de inversión del modelo de inversión del desarrollador inmobiliario y a la monumentalidad y la representación de prosperidad; y en segundo término a las personas cuya vida ocurrirá de la fachada hacia adentro. El tema es que, en el largo plazo, esta industrialización vs. deshumanización de la arquitectura, forma –porque las aloja– la idiosincrasia de familias por todo el mundo durante siglos futuros. ¿Qué arquitectura harán esas personas entonces?
Las fachadas hoy muestran ser envolventes de una arquitectura diseñada en favor de la industria y, en segundo lugar, del humano y el medio ambiente.
El quehacer de los arquitectos actuales es dignificar el espacio rentable.
Autor: Ricardo Dan Díaz, M. Arq, AIA
Revisó: Carmen Castillo




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